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septiembre 27, 2026
8 min de lectura

La escucha como materia: cartografías sonoras en la creación artística contemporánea

8 min de lectura

Introducción: El giro sonoro en la creación contemporánea

La escucha ha dejado de ser un acto pasivo para convertirse en el eje vertebrador de numerosas propuestas artísticas contemporáneas. El artículo que analizamos, titulado originalmente «El viaje sonoro y la transformación perceptiva a través de la creación artística contemporánea colombiana», nos sitúa ante un fenómeno creciente: la revalorización del paisaje sonoro como materia de creación. El proyecto «Viaje Sonoro» del artista Juan Fernando Duque se presenta como un caso de estudio paradigmático, ya que no solo propone una experiencia estética, sino que busca una transformación activa en la percepción del espectador, convirtiendo la escucha en una herramienta de concienciación sobre el entorno.

La propuesta de Bautista Santos, la autora, dialoga con toda una tradición de arte sonoro que, como señalan las citas incluidas en el propio artículo, ha cuestionado los límites disciplinares. Frente a la música tradicional, el arte sonoro se define no por la organización temporal del sonido, sino por su materialidad, su relación con el espacio y su capacidad de expandir la percepción. Esta práctica se nutre de referentes que van desde la tradición de las artes plásticas, como apunta Carmen Calvo, hasta las exploraciones más conceptuales que buscan en el sonido un vehículo para la reflexión sobre el espacio y el tiempo, tal y como lo expone Juan Navarro Baldeweg al hablar de la unificación de espacio y tiempo en la experiencia perceptiva.

El proyecto «Viaje Sonoro»: Estrategias para una escucha atenta

El proyecto «Viaje Sonoro» de Juan Fernando Duque se erige como una plataforma de intervención en el territorio. No se limita a grabar y reproducir sonidos, sino que diseña una serie de dispositivos y estrategias que guían al participante hacia una escucha más profunda y significativa. La aplicación del proyecto en el entorno natural de Chinácota (Colombia) es un ejemplo de cómo el arte puede activar la relación entre las personas y su entorno, fomentando una atención plena hacia los elementos sonoros que conforman el paisaje. Este enfoque se enmarca en una corriente que busca alejarse de la saturación visual contemporánea para reivindicar la riqueza del estímulo sonoro a menudo ignorado.

La elección de la tecnología es clave. Duque no utiliza la tecnología como un fin, sino como un medio para amplificar la percepción. Sus interfaces para la escucha atenta, como él las denomina, no pretenden sustituir la experiencia sensorial directa, sino potenciarla. De esta manera, el proyecto integra la grabación de campo y la experimentación tecnológica, pero siempre al servicio de una experiencia inmersiva que busca generar un estado de conciencia particular. Esta metodología conecta directamente con los postulados de autores como Bernie Krause, quien reivindica la voz del mundo natural, y con la tradición de Schafer, que concibe el paisaje sonoro como una partitura en constante evolución que merece ser escuchada con atención.

Dispositivos y metodología de la escucha

La propuesta de Duque se fundamenta en una metodología que combina la deriva, la atención plena y el uso de herramientas de mediación. No se trata de un simple paseo por la naturaleza, sino de una inmersión guiada en la que el participante es invitado a reinterpretar su contexto. Las acciones que se proponen buscan restablecer un vínculo afectivo con el entorno. Este tipo de prácticas no solo influyen en el espectador, sino que transforman igualmente la práctica del artista, que asume el rol de guía o de catalizador de experiencias. El artista, lejos de erigirse como un genio creador, se convierte en un diseñador de situaciones que posibilitan la experiencia estética.

El acto de escuchar se vuelve un ejercicio político y social. Al concienciar sobre los elementos sonoros que conforman el entorno, también se alerta sobre su fragilidad y se genera una actitud de respeto hacia el medio natural. Las estrategias del proyecto se estructuran a menudo a través de las siguientes premisas:

  • Desautomatización perceptiva: Se busca romper con la habituación que nos lleva a ignorar los sonidos cotidianos.
  • Revalorización del fondo sonoro: Se otorga protagonismo a aquellos sonidos que normalmente quedan relegados a un segundo plano.
  • Conexión con el lugar: La experiencia se ancla a un territorio específico, potenciando el vínculo emocional con el mismo.
  • Atención plena: Se fomenta una concentración activa en el presente sensorial, alejada de la dispersión contemporánea.

Transformación perceptiva: la obra como proceso de mediación

Uno de los méritos del análisis de Bautista Santos es situar el foco no solo en la obra, sino en el proceso de mediación y en la transformación del sujeto que la experimenta. En este sentido, la creación artística se concibe como un ejercicio de ecología de la percepción. No se trata de transmitir un mensaje unívoco, sino de activar en el espectador una facultad, la de escuchar, que a menudo está adormecida. Tanto en el artista durante el proceso de creación como en el participante durante la recepción, se produce una «reeducación» de la sensibilidad, un cambio en la disposición hacia el mundo.

Esta transformación es doble y afecta tanto al artista como al espectador. Para el primero, la creación se convierte en un proceso de investigación y descubrimiento de su propio entorno. Para el segundo, la obra se convierte en una herramienta para descubrir una nueva dimensión de la realidad. La experiencia estética, por tanto, no reside tanto en el objeto sonoro en sí mismo, sino en la repercusión que este tiene en la conciencia del oyente. Lejos de una experiencia pasiva, el «Viaje Sonoro» implica una participación activa, un trabajo de construcción de significado que se da en el propio acto de escuchar.

Implicaciones en el arte sonoro contemporáneo

El caso de Duque no es un hecho aislado, sino que se inserta en una corriente más amplia que aboga por una escucha profunda. Se supera la concepción del arte sonoro como mera exploración de timbres o técnicas musicales extendidas, para abordar su dimensión relacional y social. Este tipo de propuestas abren un espacio de reflexión sobre el rol del arte en la construcción de subjetividades y en la relación con el medio ambiente. El sonido se convierte así en un poderoso vehículo para explorar identidades culturales, memorias colectivas y la relación entre lo íntimo y lo público.

La práctica artística se consolida así como una herramienta que permite explorar el potencial comunicativo del entorno, desarrollando estrategias de intervención urbana y natural. A continuación, se sintetizan algunos de los elementos más relevantes que conectan esta obra con el contexto actual del arte sonoro:

  • Desplazamiento de la obra de arte: Se incide más en el proceso y en la experiencia que en la obra-objeto.
  • Colaboración y participación: Se difumina el papel del artista y del público en favor de una cocreación de la experiencia.
  • Contexto como obra: El lugar de intervención se convierte en una parte intrínseca de la obra, no solo como escenario sino como materia.
  • Interdisciplinariedad: Se superan las fronteras entre el arte, la ecología y los estudios sociales.

Análisis crítico y aportaciones del artículo

El artículo analizado nos ofrece una valiosa aportación al visibilizar una práctica artística latinoamericana que trabaja con la ecología del sonido, una faceta en ocasiones eclipsada por la hegemonía del arte sonoro europeo o norteamericano. Su enfoque se centra en la capacidad del arte para concienciar y transformar la percepción, un concepto que va más allá del planteamiento formal para internarse en el campo de la psicología y la fenomenología de la percepción. La estructura del texto, que combina el análisis de un caso concreto con reflexiones teóricas, es eficaz para sustentar su tesis de que la escucha es una materia maleable.

Sin embargo, se podría profundizar en las estrategias específicas que emplea Duque para medir o evaluar esa transformación perceptiva. La autora nos habla de una experiencia subjetiva, pero podría aportar datos más concretos sobre cómo se ha llevado a cabo esa transformación. Aun así, la fortaleza del escrito radica en que no se limita a una descripción superficial, sino que abre una puerta a la discusión sobre cómo el arte sonoro se posiciona como una herramienta crítica y de investigación, adoptando un enfoque que claramente se nutre de la tradición de la crítica institucional y la psicogeografía.

Elementos contextuales del norte global

Si bien el artículo se enfoca en un caso colombiano, el planteamiento bebe directamente de las inquietudes del arte sonoro global. La tensión entre la experimentación formal y el concepto de obra de arte se refleja en el diálogo que el texto establece con autores de referencia. La ausencia de una definición unívoca del arte sonoro, una constante en los especialistas, se ejemplifica con las citas del propio artículo, que lo describen como un territorio de libertad o una práctica interdisciplinar, lo que subraya la complejidad del campo.

  • La obra abierta: La pieza se completa en la mente del espectador, que activa la obra con su escucha.
  • El sonido en el espacio: La espacialización y la relación arquitectónica se vuelven fundamentales, más que el aspecto temporal o melódico.
  • El ruido como lenguaje: Se incorpora la totalidad del espectro sonoro, incluyendo el ruido y lo que tradicionalmente se consideraba «no musical».

Conclusiones para el lector general

Este artículo nos muestra cómo el arte sonoro puede ser mucho más que simples melodías o ruidos. Se trata de una invitación a abrir los oídos y a redescubrir el mundo que nos rodea de una manera más profunda y consciente. Proyectos como el «Viaje Sonoro» nos enseñan que el entorno está lleno de sonidos que normalmente ignoramos y que, si aprendemos a escucharlos, podemos conectar mejor con los lugares que habitamos. No hace falta ser un experto en música contemporánea para apreciar la propuesta; la idea de percibir la sonoridad de un entorno como una partitura viva es accesible y enriquecedora para cualquier persona.

En definitiva, el artículo propone que la experiencia del arte sonoro no se queda en el momento de la escucha, sino que continúa en nuestra forma de percibir el mundo. Al concienciarnos de los paisajes sonoros, desarrollamos una sensibilidad que nos hace más atentos y respetuosos hacia el medio ambiente. La práctica artística de Duque, que se basa en la participación y en la experiencia directa, demuestra que el arte puede ser una herramienta poderosa para la transformación personal y social, fomentando una ciudadanía más consciente del impacto que nuestras acciones tienen en el entorno. Es una llamada a no dar por sentado lo que oímos y a participar activamente en la construcción de un mundo más equilibrado sensorialmente.

Conclusiones para un público técnico y especializado

El principal aporte del análisis de Bautista Santos radica en articular la praxis del arte sonoro con la teoría fenomenológica y los estudios de la percepción, aplicándolos a un contexto geográfico no hegemónico. Si los proyectos de arte sonoro a menudo se analizan desde una óptica formalista, este texto se centra en la dimensión pragmática y transformadora de la obra de Duque. Para el especialista, la propuesta de «dispositivos de escucha» que se describen en el artículo supone un gran interés, pues trasciende la mera grabación de campo para convertirse en una herramienta de investigación sobre la construcción social del espacio. La obra se concibe como un agente que modifica la subjetividad del participante, un factor a tener muy en cuenta en futuras investigaciones sobre el diseño de experiencias estéticas.

Finalmente, la relevancia del artículo reside en que consolida la escucha como una práctica curatorial. Se cuestiona la hegemonía visual en la recepción de la obra de arte, y se describe la experiencia de escucha como la obra en sí misma, no como una traducción intermedial sino como una experiencia primaria. La exhaustiva referencia a los conceptos de Schafer sobre la «afinación del mundo» se aplican con rigor al contexto colombiano, ofreciendo una visión que invita a explorar más en profundidad las sinergias entre el arte sonoro y la ecología en latinoamérica. Este enfoque de bajo umbral técnico pero alto impacto sensorial se erige como un modelo a replicar en otros entornos, posicionando esta obra como un caso de estudio ineludible para entender el futuro del arte de la escucha.

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