La encuadernación artesanal ha trascendido su función original de proteger y unir páginas para convertirse en un acto creativo en sí mismo. En el cuaderno de artista contemporáneo, la elección de la técnica, los materiales y la estructura se integra con el contenido, generando una obra donde el recipiente y lo contenido dialogan en un mismo lenguaje. Este artículo explora las posibilidades expresivas de las técnicas artesanales aplicadas al cuaderno de artista, desde las estructuras plegadas más innovadoras hasta las enseñanzas de grandes maestras como Susana Domínguez, para que cada creador encuentre su propia voz a través de la encuadernación.
Lejos de ser un mero soporte, la cubierta y el sistema de unión se convierten en extensión del discurso visual. Trabajar con las manos el cuerpo del cuaderno permite tomar decisiones sobre texturas, transparencias, secuencias y ritmos que amplían el significado de cada página. Tanto si partes de cero como si intervienes un block de hojas sueltas, conocer los fundamentos de la encuadernación artesanal te ayudará a tomar el control total de tu obra.
El cuaderno de artista es un territorio híbrido entre el diario personal, el boceto y la obra acabada. A diferencia del libro de artista, que suele concebirse como pieza única o edición limitada con una intención expositiva desde su origen, el cuaderno de artista se nutre del proceso, del ensayo y de la intimidad creativa. Aquí la encuadernación cumple una doble misión: proteger las huellas del trabajo diario y, al mismo tiempo, enriquecer la experiencia táctil y visual de quien lo manipula.
Cuando un pintor, dibujante o ilustrador se enfrenta a la elección de un cuaderno, rara vez piensa en la estructura que lo sostiene. Sin embargo, pasar de un cuaderno industrial a uno artesanal modifica por completo la relación con el soporte. Una costura vista, un lomo flexible o unas tapas de cartón reciclado con bordes irregulares convierten cada apertura en un gesto significativo. El cuaderno de artista deja de ser un objeto neutro para transformarse en un espacio de resistencia frente a la homogeneidad de los blocs comerciales.
Además, la posibilidad de elegir la gramática de la encuadernación –si será un acordeón que despliega la narrativa, un cuaderno de anillas que permite intercalar papeles de distintos gramajes o una estructura sin costura que invite a la espontaneidad– hace que el propio acto de construir el soporte sea ya un acto creativo. Para muchos artistas contemporáneos, construir sus propios cuadernos supone recuperar un vínculo ancestral con el oficio del libro, al tiempo que les ofrece una libertad compositiva inalcanzable con los formatos estándar.
Las técnicas sin costura han ganado protagonismo en el ámbito del cuaderno de artista contemporáneo por su accesibilidad y su capacidad para generar estructuras limpias y versátiles. Al prescindir de hilo y aguja, el foco se traslada a la elección del adhesivo, la flexibilidad del lomo y la integración de páginas sueltas. Esta aproximación, lejos de ser una simplificación empobrecedora, abre puertas a la experimentación con materiales difíciles de perforar, como acetatos, planchas de madera fina o telas rígidas.
Susana Domínguez, Premio Nacional a la mejor Encuadernación Artística en 2017 y referente internacional, defiende la encuadernación sin costuras como una vía contemporánea que libera al artista de la rigidez técnica. En su curso de Domestika “Encuadernación artesanal sin costuras”, Domínguez enseña a construir libretas y cuadernos que no requieren pliegues, partiendo de hojas sueltas que se adhieren al lomo con precisión. El resultado es un objeto que se abre completamente plano, ideal para dibujar a doble página sin interrupciones.
La encuadernación japonesa tradicional, a pesar de utilizar costura vista, comparte con las técnicas sin costura el espíritu de la simplicidad elegante. Sus puntadas decorativas atraviesan las tapas y el block de hojas a la vista, convirtiendo la unión en un elemento gráfico más. En las adaptaciones contemporáneas, se sustituyen los cordones de seda por hilos de lino encerado, tiras de cuero o incluso alambres maleables, generando patrones geométricos que dialogan con el contenido.
Una variante interesante para el cuaderno de artista es la llamada “encuadernación de dientes de sierra” o stab binding, que permite combinar hojas de diferentes tamaños y texturas. Al no requerir plegado, esta técnica acepta papeles gruesos, acuarelas o cartulinas sin deformar el lomo. El remate de las puntadas puede incluir cuentas, piezas metálicas o la propia firma del autor, sellando el cuaderno como un objeto único e irrepetible.
Los cuadernos de anillas suelen asociarse al ámbito escolar u ofimático, pero en el contexto artístico ofrecen ventajas funcionales que los convierten en auténticas herramientas de creación. Las anillas permiten extraer, reubicar o añadir páginas sin dañar la estructura, algo fundamental cuando el cuaderno se convierte en un archivo vivo de ideas. Para elevar su estética, se pueden ocultar las anillas bajo una cubierta envolvente, creando un lomo falso que aporta elegancia sin sacrificar la modularidad.
La encuadernación con tornillos y postes metálicos es otra alternativa de gran valor para el artista contemporáneo. Muy utilizada en portfolios y muestrarios de obra gráfica, permite que el cuaderno crezca y se transforme a medida que el proyecto avanza. Se pueden utilizar tornillos de latón, tapas de madera contrachapada y separadores de acetato para construir un soporte que proteja obras delicadas y las presente de forma secuencial. La encuadernación deja de ser un elemento fijo y pasa a ser una arquitectura adaptable al ritmo creativo de cada momento.
Las estructuras plegadas representan quizá la fusión más pura entre encuadernación y lenguaje plástico. Un simple pliego de papel transformado en acordeón se convierte en un friso narrativo que puede leerse página a página o desplegarse por completo, revelando una imagen panorámica. Esta técnica, de aparente sencillez, exige un dominio de la planificación: hay que prever la dirección de lectura, la relación entre llenos y vacíos y la resistencia del papel escogido.
El pliegue en acordeón es solo la puerta de entrada a un universo de posibilidades tridimensionales. A partir de él, surgen el libro alado o flutter book, que combina el acordeón con pliegues que se abren como alas; el carrusel, que forma un volumen circular al desplegarse; y los libros emergentes o pop‑up, que introducen ingeniería de papel para crear sorpresas visuales en cada apertura. Para el cuaderno de artista, estas estructuras ofrecen la posibilidad de construir secuencias no lineales donde el espectador debe interactuar físicamente con la pieza.
El libro túnel, también conocido como tunnel book o libro de mirilla, utiliza fuelles laterales que mantienen varias capas paralelas de papel recortadas con siluetas y aberturas. Al mirar a través de la cubierta troquelada, se genera una ilusión de profundidad y perspectiva que convierte la pieza en un pequeño escenario tridimensional. Esta estructura, que tuvo su auge en el siglo XIX como recuerdo turístico, ha sido rescatada por artistas contemporáneos que la utilizan para explorar conceptos como la memoria, el paisaje interior o la superposición de realidades.
La construcción de un libro túnel para un cuaderno de artista implica seleccionar papeles de diferentes gramajes y colores, jugar con los calados y decidir la distancia entre capas para controlar la sensación de profundidad. Cada capa es en sí misma una obra gráfica, y la encuadernación, en este caso, consiste en ensamblar los fuelles con precisión para que el mecanismo se abra y cierre suavemente. El resultado es un objeto escultórico que cabe en las manos del espectador y que le invita a mirar de una forma activa, casi voyeurista.
Una tendencia en alza dentro del cuaderno de artista contemporáneo es la utilización del acordeón como contenedor de mapas personales, diagramas poéticos o líneas de tiempo. Al eliminar la costura y las tapas rígidas, el acordeón se convierte en un solo plano continuo que puede guardarse enrollado, plegado o incluso colgado en la pared. Esta flexibilidad rompe la idea de libro cerrado y convierte el cuaderno en una instalación efímera.
Los artistas que trabajan con caligrafía expresiva o pintura gestual encuentran en el acordeón un aliado porque permite trazos largos e ininterrumpidos que atraviesan varias páginas sin cambiar de herramienta. Con un solo movimiento se puede escribir una palabra en gran formato que, al plegarse, queda fragmentada en sílabas, generando un ritmo de lectura nuevo. Así, la técnica de plegado se convierte en parte integral del discurso gráfico y literario.
La elección de los materiales para las cubiertas es uno de los momentos más fértiles del proceso de encuadernación artesanal. Frente al cartón forrado de tela o piel que domina la tradición clásica, el cuaderno de artista contemporáneo se abre a una experimentación casi ilimitada: maderas recuperadas, planchas de cera virgen, láminas metálicas oxidadas, tejidos entrelazados, resinas transparentes o incluso cartón reciclado de cajas de fruta intervenido con pintura acrílica.
Susana Domínguez ha incorporado a lo largo de su trayectoria esta exploración matérica como seña de identidad. En su obra, el exterior del libro no se limita a proteger el interior, sino que lo anuncia y lo interpreta; el tacto rugoso de una fibra puede evocar la tierra presente en un poemario, y un acetato semiopaco puede sugerir una mirada velada sobre fotografías íntimas. Al trabajar con materiales no convencionales, la encuadernadora o el artista debe prestar especial atención a la compatibilidad con los adhesivos, la flexibilidad y la durabilidad en el tiempo.
Galardonada con el Premio Nacional a la mejor Encuadernación Artística en 2007 y en 2017, Susana Domínguez representa el puente entre el oficio histórico y la encuadernación contemporánea. Desde Códex, el estudio que fundó en Madrid en 2006 junto a Guadalupe Roldán, Domínguez ha reivindicado el carácter artístico de una disciplina que durante siglos fue considerada exclusivamente masculina. Con su trabajo en colecciones como la Biblioteca Nacional de España, la Biblioteca Nacional de Escocia y el Museum Meermanno de La Haya, ha demostrado que la encuadernación artesanal tiene pleno derecho a habitar museos y galerías de arte.
En sus apariciones públicas y cursos, Domínguez insiste en que el error es un aliado imprescindible. Sus primeros cuadernos, que ella misma guarda y muestra a sus alumnos, son testimonio de que el virtuosismo técnico se construye paso a paso, sin miedo al fracaso. Esta filosofía resulta especialmente valiosa para el cuaderno de artista: si el soporte se concibe como un espacio de ensayo, el aprendizaje constante forma parte del contenido. La maestra anima a probar adhesivos distintos, a sustituir las herramientas convencionales por otras prestadas de la cocina o la jardinería, y a perder el respeto reverencial a los materiales nobles en favor de una expresión más personal y honesta.
El resurgir actual de la encuadernación como práctica artística se explica, en gran medida, por la apertura que profesionales como Domínguez han impulsado. Al sacar las técnicas del círculo restringido de los bibliófilos y llevarlas a plataformas de formación en línea, la encuadernación artesanal se ha democratizado. Hoy, ilustradores, fotógrafos, diseñadores gráficos y artistas multidisciplinares se acercan a estos conocimientos para crear sus propios cuadernos, portfolios y piezas únicas.
Para Susana Domínguez, la función primordial de cualquier encuadernación es proteger el cuerpo de la obra, pero esta protección no puede ser aséptica ni genérica. El continente debe estar a la altura del contenido, de manera que cubierta, guardas, lomo y cierres conversen con las páginas interiores. En un cuaderno de artista, donde el contenido no siempre está predefinido, este diálogo se vuelve aún más sutil: la encuadernación sugiere un tono, una atmósfera, pero deja espacio para que el creador lo complete con su trabajo diario.
Esta visión orgánica implica que el cuaderno nunca es un objeto cerrado, sino un proceso. La elección de un cosido expuesto, de unas guardas de papel artesanal o de un cierre imantado comunica una intención incluso antes de que se haya trazado la primera línea. Al concebir la encuadernación como piel que respira, el artista contemporáneo asume que su intervención no empieza al abrir el cuaderno, sino en el momento en que elige los cordeles, humedece los pliegues o encola el lomo.
Si nunca has cosido un cuaderno ni has manipulado cola blanca con un pincel, no necesitas grandes conocimientos para empezar a integrar la encuadernación artesanal en tu práctica creativa. Comienza por estructuras sencillas como el acordeón o la encuadernación japonesa de un solo cuadernillo; ambas te permiten obtener resultados con pocos materiales y sin experiencia previa. Lo esencial es que disfrutes del proceso y entiendas que cada imperfección cuenta una historia sobre tu aprendizaje.
A medida que ganes confianza, puedes avanzar hacia encuadernaciones sin costura con lomo de tela o a la creación de pequeños cuadernos de anillas. No te obsesiones con la perfección técnica; recuerda que el cuaderno de artista es un espacio de exploración donde el error puede abrir caminos inesperados. Si en algún momento te sientes bloqueado, revisa los recursos gratuitos que comparten profesionales como Susana Domínguez y déjate inspirar por la idea de que cada cuaderno que construyes es un paso hacia un oficio que ha sabido reinventarse en el siglo XXI.
Para quienes ya dominan las encuadernaciones clásicas y quieren incorporar un enfoque más contemporáneo a sus proyectos, la clave reside en la desobediencia controlada de las normas. Atrévete a sustituir los materiales tradicionales por otros que dialoguen de forma más íntima con cada contenido específico; investiga la compatibilidad química y mecánica de adhesivos y soportes no estándar, documenta tus pruebas de envejecimiento y comparte tus hallazgos con la comunidad. La transición de artesano a artista no está en la complejidad de la costura, sino en la capacidad de tomar decisiones conceptuales que integren la encuadernación como parte indivisible del discurso.
Analiza también el potencial expositivo de las estructuras plegadas y los formatos modulares que has aprendido. Un cuaderno de artista no tiene por qué permanecer cerrado en una vitrina; puedes diseñar sistemas que permitan desmontarlo, desplegarlo o intervenirlo en sala. Colaborar con ilustradores, poetas o performers enriquecerá tu perspectiva técnica y te ayudará a entender que la encuadernación, en su máxima expresión, es un lenguaje artístico completo que merece un lugar central en el panorama creativo contemporáneo.
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